Aniquilar al Saboteador interno

¡Sé más fuerte que el saboteador que vive dentro de ti!
El saboteador que te enreda la lengua al hablar, que te hace escoger a la pareja errada, que te pone a pelear con la familia.
¡Mata al Saboteador!
¡Ese que quiere apagarte la fiesta de la vida!
Si no capturamos al saboteador, nos estaremos dejando robar la alegría
Si no capturas al saboteador, te será difícil soñar en grande
Si no capturas al saboteador, ¡será imposible promover cambios positivos en la sociedad!
Borrando la mente reactiva estarás ASESINANDO AL SABOTEADOR INTERNO
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Al Policia le cuesta ser Porrista

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La gran incógnita para los expertos en coaching corporativo es la siguiente:  ¿Por qué quien motiva no puede ser la misma persona que impone la disciplina?

¿Por qué es necesario buscar a un consultor externo, que le hable animadamente a nuestro equipo de trabajo, y no usamos a alguien de la casa?

El grupo puede cansarse de ver al mismo líder y todo lo que este diga, de tanto repetirlo, puede sonar a sermón. Como el hijo que está cansado de escuchar a su madre insistir en el orden de su habitación.

El trabajo de una porrista consiste alentar incansablemente, en las buenas y en las malas, ¡Y dale! ¡Y dale! ¡Y dale equipo dale! pero no sería lógico que esa misma porrista se coloque en el rol de auditor, haciéndole ver al equipo los aspectos en los que está fallando. Sobretodo si la retroalimentación se hace con crudeza, como suele darse entre las personas que comparten mucho tiempo juntos (familia, compañeros laborales, entre otros). Cuando permaneces mucho tiempo ante la gente con la que rompiste el hielo, ¿puede que decaiga la emoción? … y las correcciones se hacen sin sonreír.

Teóricamente, sería difícil fusionar el rol de una porrista con el de un policia. Animar y ajusticiar parecen verbos que se conjugan de forma excluyente, pero ejemplos excepcionales se han visto y uno de ellos es Pep Guardiola, ex DT del Barcelona en sus épocas doradas: Motivaba a su equipo, defendía a sus jugadores pero no les perdonaba que hicieran algo en contra de los intereses de la institución. Una cosa es defender al recurso y otra es alcahuetear.

Al Padre de Familia, con correa en mano listo para reprender, no se le asocia con el hincha sabio que te da el espaldarazo motivador en el momento clave. Se ha creído que “Un Padre no puede ser Amigo del hijo”, o que “El líder no puede ser tan alcahueta con los miembros del equipo”. El que corrige inspira miedo. El que alienta despierta esperanza. Sin embargo, con un alto grado de inteligencia emocional, un jefe o líder puede desarrollar habilidades con las que logre animar a su equipo, sin perder el nivel de exigencia necesario. Dando el ejemplo claro está: “seré exigente con ustedes como lo soy conmigo mismo”, ejemplares palabras iniciales de Pep Guardiola en su debut como director técnico, que para todos sonaron alentadoras. Sólo los sabios logran mezclar elementos teóricamente incombinables.