Sobrellevar al que se pasa de la raya

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No sabes el estado anímico con el que un visitante entra a tu establecimiento. Sin importar el tipo de negocio tengas o la vocación que ejerzas: restaurante, almacén de ropa, conferencista, artesano, vendedor. Hay un común denominador: entender lo que necesitas para satisfacer permanentemente al que cree en lo que ofreces.

Eugenio tiene fama de “cliente exigente”, a donde llega hace sentir su presencia: pretende que lo traten como un Rey. Trabaja duro toda la semana para darse el lujo de comer el plato fuerte en el Restaurante de Sandra. Y si las cosas no salen como él espera, recurre a la violencia para hacerse respetar.

“Si te colocas en sus zapatos serás capaz de entenderlo, como el detective al delincuente. Tienes que pensar como él para dar con la resolución del caso”, le aconseja el consultor a Sandra, al notar su desespero. “Me gustaría exigirles en la entrada un certificado para corroborar sus antecedentes emocionales, ¡Pero no está permitido!”. Ella se desahoga ante Mario y él asiente, pues también sabe lo que es tratar con personas complicadas, es entrenador físico y ha sufrido el impacto de las pretensiones exageradas. Ambos podrían graduarse en “La Facultad sobre los Estragos del Ego” ¡Pero no se quejen! ¡Dejad que todos vengan a aquí! ¡Desarrollemos la habilidad para atenderlos!

Al final de la cena, Eugenio valora la forma como lo sobrellevaron, la virtud que tuvieron para darle la vuelta a la situación y comprender su patología. Es consumidor frecuente, desde hace 10 meses, siempre se queja de algo, pone mala cara cuando una variable se sale de control, pero inexplicablemente es fiel a la marca. Su compulsión lo lleva a pasarse de la raya ¿Mario también aprendió la lección? ¿ya no teme cuando al gym llega un afiliado con cara de ser complicado? 

Todos ellos también han sido clientes, saben la importancia de recibir un trato justo. La preparación es fundamental para minimizar los riesgos.

Eugenio enlista los componentes de su actitud, reflexiona y toma la decisión de empezar a bajar la guardia. ¡Esta Gente se ganó el Reino de los Cielos al recibirme!  ¡Les dejaré una jugosa propina! De esa forma recompensa la tolerancia. Al establecimiento le queda además una Propina Espiritual: el aprendizaje resultante por tratar a un público diverso. La capacidad de convertir debilidades en fortalezas. No sólo aumentaron las utilidades, CRECIERON COMO PERSONAS.

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