¿Ellos sienten confianza para equivocarse?

como te caigo bien

Quizás hayas jugado a ser el jefe que goza de gran popularidad, cuya premisa es propagar armonía y del que nadie se queja. Sueñas con caminar por un jardín florido y los ángeles te hacen venia. Pero ni siquiera Dios, o el concepto de Dios, ha gozado de esa unanimidad. Con el 100% de los votantes a favor, no habrían ateos. 

¿No es descabelladla idea de un líder sin detractores? ¿Habrá algún planeta en donde el habitante, haciendo parte de un círculo socio-laboral, pueda vivir sin contradictores?

Siempre que falla un proceso hay causas emocionales de fondo. Las explicaciones cliché: desmotivación, falta de capacitación, sabotaje pero dentro de ese conjunto hay un elemento al que no se le ha prestado atención: el generar un ambiente de confianza para errar. Indulgencia de 40 grados. ¿Quién debería frenar el cultivo de esa confianza?. Porque el abuso de confianza tiende al sabotaje. Es un arma de doble filo. Sólo el director de la orquesta puede parar la anarquía sinfónica.

Con esto no pretendo alentar al líder, director o jefe a que lleve las riendas con mano de hierro. Como en aquella famosa película “La Lista de Schindler”, allí el dueño de la fábrica calculaba cuanto tardaba un operario en producir una pieza y, acto seguido, desenfundaba su arma para aniquilar al que estuviera por debajo de las expectativas. Estos mecanismos castigadores no van acorde a la filosofía de nuestra era, pero tampoco podemos irnos al otro extremo en donde todo sea complacencia. Y aparece de nuevo la palabrita mágica que sueñas con incorporar a tu vida: Equilibrio. Obrar con justicia.

Testimonio personal

A mis 23 años tuve mi primera experiencia con personas a cargo. Era coordinador de una planta de producción y mi objetivo era tumbar el mito del jefe malo. A todos mis subordinados saludaba con carisma, mi paso era el de un político rozagante que hace creer a sus adeptos que todo lo puede cumplir, incluso las utopías. Hasta que un día tuve que hacerle frente a una situación embarazosa: un operario fue acusado de robo. La monotonía de las largas jornadas me había impulsado a entablar diálogos de empatía con él. Y para defender esa camaradería di mi brazo a torcer. Opté por no participar del juicio. La indulgencia inconsecuente es pariente del encubrimiento. Mi actitud levantó sospechas y en la fábrica concluyeron que no tenía madurez para impartir justicia. 1era lección de muchas, porque cada vez que generaba confianza con alguien, percibía una barrera con la que no podía manifestar mis impresiones sinceras, por muy reveladora que fuera. A partir de ahí me pregunté ¿cómo transmitir empatía sin que me pasen por encima? Cada año desde ahí hasta mis 38 iba a traer un pedacito de la respuesta, y lo que falta. 

Armonía improductiva

Proteger las torpezas reiterativas de alguien es más una labor social que algo acorde a la misión lucrativa de una compañía. El propietario se siente en paz con Dios porque ha sacado adelante a más de uno. Le dio trabajo a personas que llegan sin saber nada y se van con mucha experticia. Lo triste es que la gran mayoría de estos que tocaron su puerta con urgencia, en su retirada no pronuncian gratitud y eso le entristece. Se lamenta de no haberlos apretado cuando llegaban tarde o cuando se volaban el conducto regular para ejecutar el proceso a su antojo. ¿Por qué no me hice respetar en el debido momento?

Entonces, ¿qué hacemos?

Al colaborador inmaduro le das la mano y te agarra el brazo, además se apodera del cuerpo si te descuidas. Su objetivo es quedarse con la mayor parte sin importarle qué tan rentable es el negocio en general. Sólo se concentra en sacar el mayor provecho. Su capricho es instintivo, como un bebé recién nacido que sólo pide seno y no escatima en la irritación del pezón materno. Establecer límites es la forma más idónea de cultivar justicia comercial. Negociar valientemente con tu proveedor interno (colaborador, empleado) y señalarle el costo de los errores: “Me caes genial pero tu torpeza me está costando 100.000 dólares al mes”. Hinchándole el orgullo profesional para que le de vergüenza apegarse al error. ¿Esto será suficiente para motivarlo a la excelencia?

¡Empatía sin productividad es sólo humo!

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s