Mi primer día laboral es como el inicio de un Romance

 

El comienzo de un amor generaría dudas cuando falta un discurso que respalde la evolución del cortejo. No en toda primera cita (con probabilidades de desembocar en amor) termina con un beso de película o con un guión poético; pero para sellar una relación importante, bien sea laboral o sentimental, se necesita que el líder pronuncie palabras honestas que especifiquen el por qué se está depositando la confianza. 

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La ausencia de esas palabras, mirando al contratado a los ojos, condiciona el vínculo hacia la negligencia, y todo lo que se deriva de ello. “Llegué a un lugar como cualquier otro”, es lo que piensa un colaborador si es recibido con apatía ¿Te gustaría ser tratado así en el lugar en donde pasarás la mayor parte de tu tiempo? ¿Por el desayuno se predice como será la cena?

“Me va a dar igual ser mediocre aquí”, remataría el recién llegado al notar que su nuevo lugar de trabajo no es digno de su admiración.

10 años atrás una amiga concretó una relación afectiva con un hombre 20 años mayor que ella. Y luego del primer contacto labial, este dijo: “Ok, las reglas son estas: cero mentiras, no quiero muchos hombres cerca tuyo, no quiere verte vestida provocativamente”, entre otras advertencias toscas que seguramente no sembraron un buen precedente. 

Todas las empresas (y no sólo las grandes que ya hacen algo parecido) deberían alistar un speech para expresarle al recién llegado lo orgulloso que se sienten de tenerlo en sus filas. ¿Sacan el tiempo para esto o es preferible no parar de producir? 

Para sacarle el tiempo a una actividad hay que entender la importancia de la misma. Con nuestros actos presentes condicionamos el futuro, todo líder debería estar consciente de lo que implica un preámbulo sin honor. Sería raro decirle, en el discurso inicial, al contratado laboral: “No me vayas a robar” pero hay formas subliminales de invitarlo a que dé lo mejor de sí. 

Antonio fue contratado por un grupo restaurantero, se ganó la confianza de los propietarios y al cabo de unos meses cometió robos continuos. ¿Hubieran evitado esto de habérselo advertido en la bienvenida? ¡Seguramente no! porque en Latinoamérica la urgencia suele desplazar a la ética. Ricardo (el líder) confesó haber sentido vergüenza de advertirle que en su empresa se hacen constantes auditorías ¿por ende Antonio se sintió en la libertad de cometer el ilícito? Además en el discurso inicial, Ricardo no hizo nada por cultivar el respeto que Antonio debía sentir por la marca. Esto hubiera amortiguado la calamidad.

¿Cómo sería la bienvenida ideal para una nueva pareja?

“¡Gracias por aceptar volar conmigo! No pensé estar cumpliendo este sueño de tener como parte de mi equipo. Sé que vamos a cumplir grandes objetivos juntos. Te voy a querer mucho ¡Pero no me engañes POR FAVOR!”. Si antes le hicieron daño, es entendible que se muestre prevenido ¿y así empañaría la ceremonia? Tan acostumbrado estamos a la decepción que pagan justos por pecadores.

¿Cómo estructurarías la bienvenida ideal para un nuevo colaborador en tu equipo?

Propongo un esquema sencillo para un discurso de estreno: 1. Agradecimientos 2. Recordar lo que vamos a darte: condiciones, el aprendizaje que obtendrás:  “acá no sólo vas a crecer técnicamente sino como persona”. 3. “Esperamos lo mejor de ti”: acá se resalta el sentido de compromiso y el hincapié en aquellas fallas que han cometido los anterior. Sin que suene a que lo estamos culpando por adelantado. 4. Lo que puede causar controversia: “Sé que para algunas personas es un tabú pero acá todos lavan baños en nuestro almacén. Nadie tiene corona.” 5. Lo que no podemos darte (alguna prebenda que en otros lados sí otorgan): “Lastimosamente acá no damos las propinas que otorgan otras empresas similares, sin embargo concedemos descansos de 15 minutos cada 2 horas” y allí incrustas lo que los hace auténticos. 6. Lo que no podemos permitir (“acá no comulgamos con la cultura del chisme”). 7. Manos a la obra CON LAS PILAS BIEN PUESTAS.

The firm handshake  between two colleagues in office.

No vale señalar detalles que no deberían significar ventajas, por ejemplo: “En esta empresa tratamos bien mientras en otros lados son patanes y explotadores”. Es como decirle a la pareja en los primeros minutos del romance: “Yo no te voy a pegar así que tranquila”. O como colgar un aviso en la entrada del restaurante: “Estimado cliente. Acá hacemos aseo todos los días, así que coma tranquilo”. ¿Suenan sospechosas estas aclaraciones, cierto?  

Me pregunto en qué punto de la historia se perdió ese bonito gesto de bendecir la llegada de alguien a tu equipo ¿A medida que fueron acabándose las plazas para los privilegiados (puestos de trabajo)? La carencia nos puso groseros y comenzó a resucitar el espíritu del líder clásico, aquel que creía que contratando a una persona le estaba haciendo un favor y por ende no era necesario tratarlo con dignidad. Empresas importantes a nivel mundial han entendido la importancia de estas ceremonias para que alguien talentoso y ejemplar, nunca se vaya de tu lado. 

¿Y qué tal un discurso alentador al inicio de cada jornada? sería como enamorarlo (re-contratarlo) todos los días.

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